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miércoles, 20 de febrero de 2008

Vacía y llena

Muchos de nosotros nos pensamos que lo sabemos todo, que poco nuevo nos van a enseñar. A veces estamos atentos y dispuestos a escuchar a cualquiera, pero otras estamos cerrados y pensamos que ya sabemos demasiado. Nos creemos superiores a otras personas, por su estatus social, por su tono de piel, por sus estudios, por su puesto de trabajo, etc. Por ejemplo este el caso de muchos jefes con sus trabajadores, por ser los dueños de una empresa se creen superiores a sus empleados, que tienen más derechos o que saben más de todo que ellos. Otro caso tal vez sea el de un experto en algo, que es bueno en su trabajo, que es reconocido y llegado el momento el ego se le ha subido tanto que se cree el mejor, hasta que llega alguien totalmente desconocido y le da un "toque" de humildad, demostrándole que no es tan bueno como creía. Yo pienso que de cualquier persona se puede aprender algo, de que aun tengo mucho que aprender y de que una persona es lo que es ella, no su estatus social, su cargo en una empresa, sus estudios, etc. Voy a contar una historia zen que leí hace ya algún tiempo que me gustó mucho.

Un importante catedrático universitario se encontraba últimamente en extraños estados de ánimo: se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda cuan su vanidad. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. Ya había oído decir que el zen era una buena medicina para el espíritu.En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.
Una vez llegado a la morada del maestro, el profesor se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara (aunque para él imperceptible) actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.
Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo:
- Permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar.
El catedrático asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo. Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros, luego empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así
-¡Necio! ¿Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella?.
Sin perder su ademán, el maestro así contestó:
-Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el zen. Tu mente ya está también llena.


Realmente sabemos poco, bien es sabido el dicho de "no te acostaras sin aprender algo nuevo", pero aplícalo a cada momento. Escucha, observa y luego saca tus propias conclusiones, pero para eso debes de estar siempre dispuesto, la mente vacía. El control de la mente no es algo fácil de alcanzar, intentar vaciarla amenudo. No tomes las conclusiones de los demás como las adecuadas para ti, no copies, obtén tu por ti mismo tus propios resultados. Muchos nos quedamos sujetos a los viejos patrones, a las viejas teorías y de ahí no nos movemos. Ahora que tenemos las herramientas a nuestra disposición, el conocimiento que otros no tenían, un legado de errores cometidos, no caigamos en lo mismo. Saquemos lo que llevamos dentro, ampliemos el saber y actuemos como es debido. No deberían existir guerras, no debería de existir hambre, no digo que salvemos el mundo, pero pongamos nuestro granito de arena y hagamos lo que este de nuestra mano para aunque sea, cambiar un patrón. No pensemos que está todo descubierto, que se sabe todo, porque aun hay muchas cosas que hay que mejorar para que el mundo sea el lugar que se merece y todo comienza por vaciarse uno mismo y reeducar sus viejos patrones.

PD. Respeta el comentario de cualquier persona, observa a los animales y las plantas, ellos se guían por los sentidos, aprende de ellos. La mente es un gran instrumento, pero bien empleada y recuerda que ella solo es parte de tí, tú eres mucho más, pero mantenerla educada es el primer paso para llegar a encontrate. La situación global de toda forma de vida y de nuestro planeta, en parte, es debida a una mente mal usada, una mente egoista.

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